Revista de Derecho, Nº Especial, agosto 1999, pp. 9-10

ESTUDIOS E INVESTIGACIONES

 

DISCURSO INAUGURAL DE SEMINARIO INTERNACIONAL "REFORMA PROCESAL PENAL"

 

Juan Carlos Ferrada Bórquez

Decano Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Austral de Chile


 

La justicia tiene sus razones para hacerles sufrir ese trato. Con ello procuraba eliminar lo más posible la defensa; quería que el acusado respondiera por sí mismo de todo. En el fondo, ese punto de vista no era malo, pero nada hubiera sido más erróneo que deducir de ello que los abogados fuesen inútiles para el acusado ante ese tribunal. Muy por el contrario, en ninguna parte le podían ser más útiles, pues en general los debates no eran secretos únicamente para el público, sino también para el acusado; en la medida, naturalmente, en que secreto era posible, pero lo era precisamente en una gran medida. El acusado no poseía, en efecto, derecho alguno a examinar los expedientes y era muy difícil saber por los interrogatorios lo que podía haber en esos expedientes, sobre todo para el acusado, que se encontraba intimidado y cuya atención era absorbida por toda clase de preocupaciones. En eso es en lo que intervenía la defensa. Generalmente, los abogados no tenían derecho a asistir a las entrevistas con el juez de instrucción, y por consiguiente debían interrogar al acusado lo más pronto posible después de su interrogatorio por el juez y tratar de adivinar lo que podía haber en él de útil para la defensa de sus informes, con frecuencia muy confusos. Pero eso no era todavía lo más importante, pues no se podía saber gran cosa de esa manera, aunque a decir verdad un hombre competente podía obtener más que otro que no lo fuese. El as de triunfo eran las relaciones personales del abogado, y en ellas radicaba el valor principal de la defensa. K... debía haber comprobado, por sus propias experiencias, que la organización de la justicia dejaba mucho que desear en los grados inferiores, que en ellos se encontraban empleados venales e infieles. El cerco presentaba brechas por ese lado. Esas brechas eran las que aprovechaban la mayoría de los abogados; por ellas sobornaban, buscaban, espiaban; inclusive se habían producido, por lo menos en el pasado, robos de documentos. Era innegable que ciertos defensores obtenían de ese modo resultados momentáneos sorprendentemente favorables al acusado; y de ello se aprovechaban también todos los abogadillos para obtener nuevos clientes, pero semejantes resultados no tenían influencia alguna, o casi ninguna, sobre la evolución de los debates. Solamente las relaciones personales honradas con los funcionarios importantes -adquiridas evidentemente en los grados inferiores- podían tener verdadero valor; eran las únicas que influían en la evolución del proceso, imperceptiblemente primero, y luego cada vez más claramente".

Esta cita -como ya lo señalé- es un trozo de una obra literaria -"El Proceso" de Kafka como ustedes ya habrán adivinado-, y por tanto, como novela que es corresponde a una historia ficticia, probablemente exagerada y dramatizada para el deleite del lector. Sin embargo, para cualquiera de los que hemos ejercido alguna vez la profesión, la descripción hecha por Kafka tiene una cercanía con la realidad jurídico-penal en Chile, cercanía que se traduce en la existencia de un sistema procesal penal en crisis terminal, que ha llevado al Gobierno a impulsar una profunda reforma en este ámbito. Como ha señalado, la Ministra de Justicia, se trata de adaptar nuestro "régimen de enjuiciamiento criminal" a "las exigencias jurídicas, políticas y dogmáticas de los tiempos actuales", conjugando "los ya conocidos conceptos de la efectividad de la actuación persecutoria estatal con la adecuada observancia de los derechos de las personas, a través de profundas innovaciones orgánicas y procedimentales". De este modo se da cumplimiento efectivo al mandato constitucional del art. 19 N° 3 CPR, en particular, a la carga que pesa sobre el legislador de "establecer siempre las garantías de un procedimiento y una investigación racionales y justos".

Precisamente esta reforma es lo que nos convoca estos días en esta hermosa ciudad de Valdivia.Nos reunimos para analizar, reflexionar y debatir sobre el contenido y el impacto que tiene esta reforma legal en nuestro sistema jurídico, destacando sus virtudes y criticando, con altura de miras, por supuesto, sus eventuales defectos.

Sepan ustedes que este seminario constituye un enorme esfuerzo de nuestra joven Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Austral de Chile a esta temática, esfuerzo no solo económico, sino de personas. Esperamos con ello estar contribuyendo al perfeccionamiento y difusión de esta reforma procesal penal en nuestro país y, de este modo, cumplir cabalmente con nuestra misión de desarrollo, promoción y transmisión del saber jurídico.

Finalmente, quiero terminar estas breves palabras agradeciendo a los profesores nacionales y extranjeros invitados como expositores y panelistas a este seminario por su presencia. Su interés por participar desinteresadamente en este evento hace posible precisamente su celebración. Esperamos ser unos buenos anfitriones para ustedes.

Agradezco también a todos los asistentes por su presencia, esto nos anima a seguir trabajando en esta misma línea de investigación y extensión.

Por último, aprovecho la oportunidad para reconocer públicamente el trabajo desarrollado por el profesor de esta Facultad don Andrés Bordalí en la organización y puesta en marcha de este seminario, sin su preocupación y esmero ello sin duda no habría sido posible.